2022 ● Vol 7 ● Nº 1
Hepatología Pediátrica

Hepatitis autoinmune en Pediatría

Autores: Jordano Moreno B1, Ruiz-Alba Gómez F2, Moreno Madrid F3

1 Unidad de Gastroenterología. Hospital Universitario Clínico San Cecilio. Granada. España.
2 Unidad de Gastroenterología. Hospital Universitario Clínico San Cecilio. Granada. España.
3 Unidad de Gastroenterología. Hospital Universitario Clínico San Cecilio. Granada. España.

PUNTOS CLAVE

  • La hepatitis autoinmune (HAI) es más frecuente en el sexo femenino (75%) y en pacientes con antecedentes personales o familiares de autoinmunidad.
  • Hasta un 20% de las HAI al diagnóstico son seronegativas (presentan negatividad de autoanticuerpos).
  • HAI tipo 2 es la más frecuente en población pediátrica y adultos jóvenes, presentando un curso más agresivo.
  • La hepatitis de interfase es el hallazgo anatomopatológico más característico y común a los diferentes tipos de HAI, aunque no patognomónico.
  • La duración del tratamiento debe ser de al menos 2-3 años antes de considerar su suspensión, previa a la cual es necesario realizar biopsia hepática.

RESUMEN

La HAI produce una inflamación crónica a nivel hepático que conlleva una destrucción progresiva del parénquima con evolución a cirrosis e insuficiencia hepática. Se trata de una enfermedad multifactorial que cursa en brotes y es más frecuente en el sexo femenino. Se caracteriza por la presencia de autoanticuerpos, elevación de inmunoglobulinas e inflamación. El espectro clínico es amplio desde una hipertransaminasemia asintomática hasta un fallo hepático agudo (FHA) que precise trasplante hepático. El tratamiento habitual consiste en el uso de corticoides e inmunosupresores ahorradores de corticoides, entre los cuales destaca la azatioprina. En un porcentaje considerable de pacientes se consigue la remisión y suspensión del tratamiento, si bien esto es menos frecuente entre la población pediátrica. El trasplante hepático es necesario en un 6-14% de pacientes, y es frecuente la recurrencia de la enfermedad.

INTRODUCCIÓN

La HAI es una enfermedad crónica con etiología multifactorial en la que intervienen factores ambientales, predisposición genética y alteración en la inmunorregulación, que produce destrucción progresiva del parénquima hepático evolucionando a cirrosis e insuficiencia hepática si no se instaura tratamiento adecuado. Se caracteriza porque cursa con fluctuaciones y presenta un espectro clínico muy variable, lo cual dificulta su diagnóstico. En ocasiones, se presenta como un fallo hepático fulminante lo cual es característico de la HAI tipo 2. Existen tres formas: hepatitis autoinmune, colangitis esclerosante (CE) y hepatitis autoinmune de novo tras trasplante. Desde el punto de vista analítico, se caracteriza por hipertransaminasemia, aumento de inmunoglobulina IgG y presencia de autoanticuerpos circulantes no órgano-específicos. A nivel histológico, predomina la inflamación con hepatitis de interfase en ausencia de otra etiología conocida. Existen dos tipos: la HAI tipo 1, que afecta a adultos y niños, y la tipo 2, que es fundamentalmente pediátrica. En función del tipo de autoanticuerpo presente se pueden clasificar en: tipo 1, con positividad para anticuerpos antinucleares (ANA), antimúsculo liso (ASM) o ambos; y tipo 2, con positividad para anticuerpos antimicrosoma de hígado-riñón (LKM1) o anticitosol hepático tipo 1 (LC-1). En cuanto a la CE, se caracteriza por presentar daño en conductos biliares.

La HAI puede presentarse en cualquier grupo étnico y a cualquier edad, con un claro predominio en el sexo femenino, con una ratio de 4:1 en el caso de HAI tipo 1 y de hasta 10:1 para la HAI tipo 2. Su incidencia podrá variar de 0,7-2/100 000 habitantes/año, siendo su prevalencia de 4-25/100 000. En la actualidad, su prevalencia ha aumentado debido al mayor conocimiento de esta entidad y a la menor incidencia de hepatitis virales. Es responsable del 2,6% de los trasplantes hepáticos en Europa y del 5,9% en EE. UU.1,2.

ETIOPATOGENIA

El mecanismo etiopatogénico continúa siendo una incógnita, si bien la hipótesis principal sugiere que la enfermedad se iniciaría desencadenada por un factor ambiental, en un paciente genéticamente predispuesto, provocando una alteración en la regulación de la respuesta inmunitaria que produciría autoantígenos que perpetúan la lesión hepática. El reclutamiento de células activas proinflamatorias (linfocitos T CD4 helper), CD8, natural killer, macrófagos, linfocitos B y células plasmáticas genera un efecto citotóxico a nivel hepático.

El péptido del autoantígeno es abrazado por una molécula HLA clase II y presentado a un CD4 T helper naïve (Th0) que, a su vez, activa una cascada de reacciones inmunes, determinada principalmente por las citoquinas interleuquina 2 (IL-2) e interferón γ, las cuales provocarán el daño celular. En estudios recientes, sobre todo en HAI tipo 2, se ha demostrado que el citocromo CYP2D6 es el principal autoantígeno3.

Desde el punto de vista genético, parece que existen diferencias en la base genética entre HAI tipo 1 y 2. Se ha relacionado con HLA DRB1, de manera que la HAI tipo 1 se asocia con HLA DRB1*03, mientras que la HAI tipo 2 se asocia a HLA DRB1*074. En el 40% de pacientes existen antecedentes familiares de autoinmunidad y el 20% tiene alguna patología autoinmune al diagnóstico. En cuanto a los pacientes con celiaquía, se asocia a HAI en un 0,14% alcanzando una mayor tasa de remisión tras dieta exenta de gluten, por lo que esta dieta podría tener un papel coadyuvante5. La HAI tipo 2 podría asociarse a una entidad de carácter autosómico recesivo monogénico que se denomina síndrome de poliendocrinopatía autoinmune tipo 1 (poliendocrinopatía autoinmune, candidiasis crónica y distrofia ectodérmica).

CLASIFICACIÓN

Las HAI se clasifican en los siguientes tipos6 (Tabla 1):

Tabla 1. Clasificación de tipos de HAI6. Mostrar/ocultar

  • HAI tipo 1: se caracteriza por la positividad de anticuerpos antinucleares (ANA) y anticuerpos antimúsculo liso (SMA).
  • HAI tipo 2: se relaciona con positividad para anticuerpos antimicrosomales de hígado y riñón tipo 1 (LKM1) o anticuerpos anticitosol hepático tipo 1 (LC1).
  • HAI seronegativas: hasta un 20% de los casos de HAI al inicio pueden no tener positividad de autoanticuerpos.
  • CE: tiene en común con HAI 1 la histología y la serología (ANA y anti-SM); no es fácil diferenciar entre los dos tipos, por lo que a menudo se describe como síndrome de solapamiento. La principal diferencia es que la CE se asocia a daño en ductos biliares por lo que para su diagnóstico se requiere de una colangiografía o una colangiorresonancia magnética. El hallazgo de anticuerpos anticitoplasmáticos de neutrófilos con patrón periférico (pANCA) es frecuente. Se suele asociar con enfermedad inflamatoria intestinal, predominando colitis derecha sin afectación rectal y posible afectación yeyunoileal. Se debe realizar colonoscopia al diagnóstico de CE debido a las posibles implicaciones terapéuticas y pronósticas. La respuesta al tratamiento que incluye el uso de ácido ursodeoxicólico a 15 mg/kg/día no es tan favorable como en la HAI; de hecho, se ha publicado que hasta un 50% presentan progresión de la enfermedad a pesar del tratamiento.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS Y FORMAS DE PRESENTACIÓN

La HAI presenta un amplio espectro de formas clínicas. A continuación, se describen las diferentes formas de presentación:

  • Presentación aguda, que imita a hepatitis viral con clínica inespecífica de malestar, náuseas, vómitos, anorexia, dolor abdominal seguido de ictericia, coluria e hipocolia. Esta forma de presentación ocurre en el 40-50% de las HAI.
  • Fallo hepático agudo (FHA), que se define por insuficiencia hepática con coagulopatía asociada que no corrige con administración de vitamina K (international normalized ratio [INR] >2, o bien >1,5 con encefalopatía). Observamos este tipo de presentación con mayor frecuencia en HAI 2 (25%) que en HAI 1 (3%).
  • Inicio insidioso con clínica variable e inespecífica como fatiga progresiva, ictericia recurrente, dolor abdominal, diarrea de unos 6 meses a años de evolución hasta su diagnóstico. Este tipo es más frecuente en HAI 1 (40%) que en HAI 2 (25%).
  • Complicaciones de cirrosis e hipertensión portal (hematemesis por varices, esplenomegalia). Ocurre en un 10% de los casos.
  • Hallazgo accidental como hipertransaminasemia sin signos ni síntomas.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico de HAI se basa en la combinación de criterios clínicos, analíticos, inmunológicos e histológicos (Tabla 2). Dado que existen otras enfermedades hepáticas que pueden compartir hallazgos histológicos (virus de la hepatitis A, B y C, Wilson, esteatosis o toxicidad), es necesaria su exclusión para el diagnóstico de HAI (Tabla 3).

Tabla 2. Propuesta criterios diagnósticos para la HAI/CE1. Mostrar/ocultar

Tabla 3. Diagnóstico diferencial con otras hepatopatías. Mostrar/ocultar

Los criterios diagnósticos aplicados en Pediatría difieren de los utilizados en adultos, siendo los niveles de autoanticuerpos considerados menores7.

PRUEBAS COMPLEMENTARIAS

Pruebas de laboratorio

Función hepática: en estos pacientes destacan niveles de transaminasas fluctuantes que pueden llegar a valores 10 veces mayores de los valores normales. Respecto a los parámetros de colestasis como FA, GGT y bilirrubina no suelen estar muy alterados, de lo contrario habrá que descartar un síndrome de solapamiento por colangitis esclerosante. La coagulación y la albúmina son dos parámetros igualmente importantes para valorar la función hepática. Asimismo, la concentración de gammaglobulina IgG total debe ser mayor de 1,5 veces su límite superior aunque existe un 20% de niños que no manifiestan esta elevación al diagnóstico. Por otro lado, la asociación con déficit de IgA se da hasta en un 20% de los casos8.

Autoinmunidad: los ANA (25%) pueden coexistir con los anti-SM siendo poco específicos puesto que se encuentran presentes en otras hepatopatías de base autoinmune. Los anti-LKM1 o anti-LC1son típicos de la HAI 2, se pueden encontrar ambos (32%), o bien, anti-LC1 de forma aislada (10-15%). Ambos son indicadores de peor pronóstico por mayor riesgo de presencia de autoinmunidad extrahepática y riesgo de progresión a cirrosis. Los anti-SLA/LP (frente a antígeno soluble hepático/hepático-pancreático) son poco frecuentes, pero presentan una alta especificidad siendo típicos de formas graves de la enfermedad. Es frecuente el descenso de complemento C3 y C4.

Anatomía patológica

Las principales indicaciones de biopsia hepática ante la sospecha de HAI son confirmar el diagnóstico, establecer la gravedad en función del grado de cirrosis o evaluar la respuesta al tratamiento El hallazgo más característico es la hepatitis de interfase que consiste en la infiltración por leucocitos, si bien no es patognomónico. En las formas agudas, es típica la hepatitis panlobular con necrosis en puente. Otros hallazgos son la acumulación de gotitas hialinas en las células de Kupffer y las rosetas. Si hay afectación de los conductillos biliares, habrá que descartar una CE. Son frecuentes hallazgos histológicos comunes con esteatosis hepática no alcohólica sobre todo en pacientes adolescentes que pueden influir en la respuesta al tratamiento.

TRATAMIENTO

Corticoides: el tratamiento convencional, prednisona a 2 mg/kg/día (dosis máxima de 60 mg/día). Se debe de iniciar tratamiento en el momento del diagnóstico, siendo la tasa de respuesta en torno al 90%. Esta dosis de inducción se debe de ir reduciendo en un periodo de entre 6-8 semanas, en función de los niveles de transaminasas, hasta alcanzar una dosis baja de mantenimiento de entre 2,5-5 mg/día (0,1 mg/kg/día).

Azatioprina: se estima que en torno al 85% de los pacientes requerirán la asociación de este inmunosupresor ante la presencia de recaídas o la aparición de efectos secundarios asociados al uso de corticoides. Previo al inicio es necesario comprobar el estado vacunal del paciente, realizar prueba de tuberculina y cuantificar los niveles de tiopurina metiltransferasa (TMPT) para establecer la dosis adecuada, puesto que el 0,3% de la población presenta una actividad enzimática baja. La dosis de inicio es de 0,5 mg/kg/día aumentando progresivamente y según actividad de la enzima hasta 2-2,5 mg/kg/día. Se debe monitorizar como efecto secundario la posibilidad de supresión de médula ósea que se da hasta en un 10%, debiendo monitorizarse cada 6-8 semanas.

En caso de recaída, definida como elevación de transaminasas una vez alcanzada la remisión, se aumentará la dosis de corticoide a 1 mg/kg/día con posterior disminución a dosis de mantenimiento. El tratamiento de mantenimiento se debe mantener durante un mínimo de 2-3 años desaconsejándose su interrupción en periodo puberal por mayor riesgo de recidiva. Se podrá plantear su suspensión si se alcanza la remisión (Tabla 4). Una alternativa a la retirada completa podría ser mantener monoterapia con azatioprina.

Tabla 4. Requisitos suspensión de tratamiento en HAI. Mostrar/ocultar

Tratamientos alternativos de segunda línea

Budesonida: es un corticoide con importante acción a nivel hepático, puesto que el 90% de su aclaramiento ocurre a dicho nivel y carece de actividad glucocorticoide. Produce un menor número de efectos secundarios en comparación con prednisona aunque no se puede emplear en pacientes con cirrosis ya establecida. Si bien los ensayos clínicos realizados en población adulta demuestran su mayor efectividad en asociación con azatioprina, son necesarios más estudios en población pediátrica9.

En pacientes adolescentes con intolerancia o refractariedad a azatioprina, se pueden plantear como alternativa:

  • Micofenolato de mofetilo: antagonista de la síntesis de purinas. Se utiliza a dosis de 20-40 mg/kg/día (máximo 2 g/día). Tiene un perfil de seguridad superior a ciclosporina.
  • Ciclosporina: inhibidor de citocromo P450. Función más selectiva frente a linfocitos que azatioprina, aunque presenta gran número de efectos secundarios por lo que es necesaria la monitorización de la función renal y la presión arterial. Tiene riesgo de producir un síndrome linfoproliferativo.
  • Infliximab: anti-TNFα con eficacia demostrada en la enfermedad inflamatoria intestinal, si bien son necesarios más estudios que avalen su eficacia en HAI.

CONSIDERACIONES

Vacunación: en general, se recomienda determinar títulos de las vacunas víricas atenuadas y vacunar si no se detectan, al menos, 4-6 semanas antes de iniciar el tratamiento inmunosupresor (incluso 12 semanas en el caso de varicela). Se evitará su administración durante el tratamiento con corticoides a dosis inmunosupresoras (prednisona de >2 mg/kg/día durante más de 14 días, o 1 mg/kg/día más de 28 días), azatioprina o terapias biológicas, o bien hasta 3-6 meses después de la suspensión. Sin embargo, tanto las vacunas de virus inactivos como las recombinantes son seguras.

Se debe vacunar frente a VHA y reforzar VHB si se considera no respondedor (tasa de anti-HBsAg posvacunales <10 mUI/ml). Se recomienda vacunación anual de gripe (y convivientes) vacunación antineumocócica y frente a meningococo10.

Salud ósea: se recomienda suplementación con calcio (500 mg-1,2 g) y vitamina D (400-800 UI) diarias. Durante el seguimiento se planteará realización de densitometría mineral ósea en pacientes con tratamiento con corticoides de larga evolución.

PRONÓSTICO

La remisión mediante el tratamiento convencional se alcanza en un 97% de HAI 1, 87% de HAI 2 y 89% de CE. No obstante, las recidivas son más frecuentes en la población pediátrica, de manera que ocurren hasta en un 40% relacionada en numerosas ocasiones con una mala adhesión al tratamiento principalmente en adolescentes. Estas son más frecuentes en la HAI 2 y CE.

En cuanto a los pacientes que debutan con FHA, alrededor del 50-75% son refractarios al tratamiento con corticoides y precisan trasplante. Los factores pronósticos que indicarían una mayor probabilidad de precisar trasplante hepático son los siguientes: menor edad al diagnóstico, presencia de LKM1 positivo (típico de HAI 2), INR elevado y mayor índice histológico. Se ha propuesto el uso del score Pediatric End Liver Disease (PELD), que se emplea en la hepatopatía crónica para indicación de trasplante, que tiene en cuenta parámetros como INR, bilirrubina y albumina. En el caso del FHA, puntuaciones >27 puntos se han relacionado con una mayor probabilidad de requerir trasplante hepático11.

La HAI 1 y 2 requieren trasplante hepático en un 6-14% de los casos, siendo la tasa de recidiva más frecuente que en población adulta, alcanzando hasta un 20%. La supervivencia a 5 años del trasplante es del 86%.

CUADERNO DEL PEDIATRA

  • Hipertransaminasemia, sexo femenino y antecedente de autoinmunidad nos debe hacer pensar en HAI.
  • El diagnóstico es complejo y se basa en presencia de autoanticuerpos, elevación de IgG y datos histológicos compatibles.
  • La forma de presentación puede ser muy variable desde asintomática hasta un fallo hepático agudo siendo fundamental saber reconocer este último (INR >2 o >1,5 y presencia de encefalopatía).
  • El tratamiento se basa en el uso combinado de corticoides e inmunosupresores como la azatioprina, siendo fundamental conocer los requisitos previos para el inicio de estos, así como los posibles efectos secundarios a monitorizar.
  • La remisión se alcanza con la normalización de transaminasas, Ig G y anticuerpos resultando imprescindible la normalización histológica para la suspensión del tratamiento.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Mieli-Vergani G, Vergani D, Baumann U, Czubkowski P, Debray D, Dezsofi A, et al. Diagnosis and Management of Pediatric Autoimmune Liver Disease: ESPGHAN Hepatology Committee Position Statement. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2018;66:345-60.
  2. Liberal R, Vergani D, Mieli-Vergani G. Update on autoimmune hepatitis. J Clin Transl Hepatol. 2015;3:42-52.
  3. Molera Busoms, C, Arcos Machancoses, JV. Hepatitis autoinmunes. En: Tratamiento en Gatroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica. Madrid: Ergon; 2021. p. 443-53.
  4. Maggiore G, Nastasio S, Sciveres M. Juvenile autoimmune hepatitis: Spectrum of the disease. World J Hepatol. 2014;6:464-76.
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  6. Peña-Vélez R, Almanza-Miranda E. Hepatitis autoinmune en la edad pediátrica. Bol Med Hosp Infant Mex. 2017;74:324-33.
  7. Álvarez F, Berg PA, Bianchi FB, Burroughs AK, Cancado EL, Chapman RW. International Autoimmune Hepatitis Group Report: review of criteria for diagnosis of autoinmune hepatitis. J Hepatol. 1999;31:929-38.
  8. Mack CL, Adams D, Assis DN, Kerkar N, Manns MP, Mayo MJ, et al. Diagnosis and management of autoimmune hepatitis in adults and children: 2019 practice guidance and guidelines from the American association for the study of liver diseases. Hepatology. 2020;72:671-722.
  9. Zizzo AN, Valentino PL, Shah PS, Kamath BM. Second-line agents in pediatric patients with autoimmune hepatitis: A systematic review and meta-analysis. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2017;65:6-15.
  10. Vacunación en niños inmunodeprimidos o con tratamiento inmunosupresor. En: Vacunasaep.org [en línea] [consultado el 28/04/2022]. Disponible en: http://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-14
  11. Gilbert Pérez JJ, Jordano Moreno B, Rodríguez Salas M. Etiología, resultados e indicadores pronósticos del fallo hepático agudo pediátrico. An Pediatr (Barc). 2018;88(2):63-8.

Lectura recomendada

  • Mieli-Vergani G, Vergani D, Baumann U, Czubkowski P, Debray D, Dezsofi A, et al. Diagnosis and Management of Pediatric Autoimmune Liver Disease: ESPGHAN Hepatology Committee Position Statement. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2018;66:345-60.

    Es el documento de consenso elaborado por expertos de la ESPGHAN en 2018, en el que se revisan los artículos publicados de este tema en los últimos 30 años y se actualizan diagnóstico y tratamiento de esta entidad.

  • Maggiore G, Nastasio S, Sciveres M. Juvenile autoimmune hepatitis: spectrum of the disease. World J Hepatol. 2014;6:464-76.

    Artículo interesante sobre las diferentes formas de presentación de HAI y su diagnóstico.

Cómo citar este artículo

Jordano Moreno B, Ruiz-Alba Gómez F, Moreno Madrid F. Hepatitis autoinmune en Pediatría. FAPap Monogr. 2022;7:49-54